El vino, es, por definición, uno de los sectores con mayor recorrido y tradición en lo que etiquetaje se refiere.

Se caracteriza muy a menudo por un alto grado de atomización en numerosas bodegas, así como por la calidad y esmero en la etiqueta para posicionar el producto frente a otras denominaciones de origen, o territorios nacionales. Así, en nuestro entorno inmediato, Francia, España e Italia compiten por la excelencia.

Para el etiquetaje de las botellas, es habitual disponer de un frontal con un alto grado de tecnicidad: materiales texturados, estampaciones, dorados, plateados, barnices son unas pocas de las muchas opciones retenidas.

Luego, cada vez más surge la necesidad de adaptar los lotes y la información en función del destino de una partida concreta, o de su canal de distribución.

Comúnmente, se ha tendido a marcar con impresora de transferencia térmica un nº de lote, o un código de barras en una esquina del frontal, o en una contra, con una resolución baja pero suficiente.

Sin embargo, en los últimos años, y cada vez más, se tiende a favorecer las impresoras a color para generar las contra-etiquetas desde cero. Con ello, aparece una flexibilidad sin precedentes, tanto para adaptar idiomas, como distintivos de calidad, y en general, informaciones cada vez más sensibles para la localización y la imagen de marca que cada vez más la contra-etiqueta transmite.

Esperamos haber dado más claridad sobre las etiquetas adhesivas en el sector del vino. Para cualquier consulta adicional, nuestros equipos le atenderán con mucho gusto.